*En el rancho La Soledad se realiza el llamado “Apiturismo”, una práctica para conocer la vida en la colmena de las increíbles abejas; una travesía entre abejas reinas, zánganos, obreras, celdas… miel
Diego Mena
Nanacamilpa, Tlax.- Cada cajonera que al azar se abre, destapa un mundo aparte: una orbe de colmenas, abejas reinas, zánganos, obreras, celdas, miel y de flores favoritas. Don Toño entra en escena, fumiga cada caja para calmar a las abejas y luego, con una calma sorprendente, nos lleva al funcionamiento de las colmenas y sus jerarquías.
Se mantiene firme, cada caja tiene una historia que espera a ser contada a través de su cuidador, Antonio Zamora, guardián de todas las abejas que le otorgan miel, toneladas del dulce néctar que sostiene al rancho La Soledad.
Pocos zumbidos se vuelven agradables al oído. El apiturismo en Nanacamilpa se convirtió en una opción sustentable de enseñanza de la importancia de las abejas y su gran labor como polinizadores y productores de miel.
La experiencia dejó de ser un tabú para convertirse en una opción de turismo innovador, amigable a la naturaleza y consciente del rol de las diferentes especies que cohabitan con la sociedad en entornos tanto rurales como urbanos.
La travesía inicia con la llega al rancho, una señalética amarilla y blanca marca el rumbo hacia el apiturismo; una quietud que oculta una naturaleza abrumante y sonidos tibios de cosas que ahí ocurren.
“Don Toño” con su tono de voz suave da la bienvenida; dedica su vida al cuidado de las abejas. Mientras los visitantes se preparan con el traje para su protección, realiza una mezcla humeante de periódico, viruta y lavanda, un olor intermitente sobresale y sirve de perfume para las personas y para calmar a las abejas.
Antes de iniciar la travesía, sandwiches de miel mantequilla sirven de merienda para todo el grupo, la energía proporcionada por el alimento nutre el interés de las personas para iniciar el camino hacia los apiarios.
El sendero se viste verdoso mientras el aroma a lavanda deja un rastro para ubicar a los despistados mientras recorren la abrumante naturaleza hasta llegar al campo de las abejas.
Un campo fértil de más de 50 cajoneras en fila esperan de mostrar su belleza acompañada de zumbidos, sus aleteos de vida.




